jueves, 26 de febrero de 2026

Samuel: Un cuento breve sobre la alienación y el cansancio emocional


Samuel, ¿esto será la vida o solo la mía?

Samuel,

quiero contarte algo, aunque no sé exactamente qué.

Me levanto con las tres alarmas de siempre.
Antes de que suenen, el celular vibra sobre el buró,
como un insecto atrapado debajo del vidrio.
El trabajo empieza antes que el resto,
como si el día tuviera prisa por empujarme.

Antes me enojaba.
Ahora siento algo que no sé nombrar.

No es tristeza.
No es cansancio.
Es otra cosa.

Me pregunto si así se siente cuando lo importante se va retirando en silencio,
como los clientes de un café al final de la noche.

Veo a todos tan tranquilos, tan ocupados en sus pendientes.
Las luces encendidas, las conversaciones breves,
la normalidad funcionando.

Y yo aquí, detenida, tratando de entender.

A veces pienso que es una etapa.
Otras, que no.

Tal vez debería hablar con Raquel.
Tal vez esto pasa por no decir nada.
Por guardar las palabras como monedas inútiles en el fondo del bolso.

No sé si está bien quedarse callada.
No sé si esto es la vida.
O sólo la mía.

Anoche, antes de dormir,
dejé el celular boca abajo
para que no vibrara sobre mi nombre.

Macu.Kitschmacu

miércoles, 25 de febrero de 2026

El tiempo es un traidor que camina de puntitas

 

—¿Te fijas, sobrino? El tiempo es un traidor que camina de puntitas. Pasa tan deprisa, fíjate, y pasa como si no quisiera la cosa, como si no pasara nada, que al rato, cuando ya se haya ido del todo, a lo mejor tú ni te vas a acordar de mí, y yo me voy a quedar ahí, hecha un suspiro en tu memoria.

Mira cómo se va el sol, ya le está dejando el campo libre a la luna, y yo aquí, mijo, sintiendo cómo se nos escurren las horas; se van como un chorro de agua con fuerza, de esas que te mojan la cara y no te dejan ni abrir los ojos. ¡Vieras qué ganas me dan a veces! Ganas de que el reloj se quedara parado, así, plantado en las diez de la mañana. Ni muy temprano para las prisas, ni muy tarde para los cansancios... las diez, cuando el sol apenas calienta los huesos y todo se ve tan bonito, tan clarito.

Otras veces, ¿sabes qué quisiera? Que fueran siempre las cuatro de la madrugada. A esa hora el mundo se calla, nadie te busca, nadie te pide nada; es un silencio de azúcar, un silencio bonito de la vida, mientras uno se queda ahí, bien envuelto entre las cobijas, como un tesoro guardado.

Pero no se puede, mijo, de veras que no se puede. Esto va, y va, y no se detiene por nadie.


Macu.Kitschmacu

domingo, 22 de febrero de 2026

Volver a volar

 

Esto de los fines de semana se van volando, 

volando como los pájaros, 

como los aviones, 

como los que tienen prisa, 

prisa de irse, de estar, de volver. 

Volver a volar.


Macu.Kitschmacu

domingo, 8 de febrero de 2026

Mira, Héctor, ahorita no: Crónica de un domingo a medio usar.


Mira, Héctor, ahorita no, ¿sí?

Ni yo sola me aguanto.

Ayer, sábado, hice un dramón en un desayuno familiar. Dramón de esos que empiezan chiquitos y, de pronto, ya están sentados a la mesa para el desayuno, la comida y la cena.

Después, en la tarde, comí como si no hubiera un mañana. Compré de todo. De verdad, de todo: tostitos, esquites, Maruchan. Pensé en una coquita, pero ya era mucho. Hasta tres señoras se me acercaron a preguntarme cómo se llamaba eso que había comprado, porque se veía buenísimo.

Tres.

Si supieran que lo compré para comérmelo yo sola.

El resto del día fue una resaca silenciosa. No dije mucho, pero pensé demasiado. El desayuno familiar regresaba en loop mientras yo seguía masticando la escena, no la comida.

Me cambié de cuarto porque tenía calor. Dormí bien, eso sí. Profundo. Como si el cuerpo hubiera decidido apagarme.

La gata me despertó a las 6:30 a. m. No perdona.
A las 7:30, otra vez.
Le di desayuno.
A las 9:30 volví a abrir los ojos.
Llegó la otra, se acurrucó conmigo y nos dormimos hasta las 10:30.
Me desperté de nuevo a las 12.

A las 12, Héctor.

No me pasaba algo así desde la secundaria.

Por un lado, bien. Por el otro, el domingo ya no era domingo: era una cosa a medio usar.

No quise salir. Y también hacía mucho que no hacía eso. Me quedé en casa, sin explicación pública. Puse una lavadora. Cambié la sábana de la otra cama. Terminé una película. Me dormí otro ratito.

Luego desperté con un dolorón de cabeza. De esos que no sabes si son deshidratación, azúcar o conciencia.

Ya me bañé. Me puse la pijama limpia. Aquí estoy.

El desayuno sigue ahí, sentado en algún rincón del día, pero ya no grita. Solo mira.

¿Tú cómo ves, Héctor?


Macu.Kitschmacu

jueves, 5 de febrero de 2026

Ana

 

Semana corta. 

Se corta Ana. 

Seca y harta.


Macu.Kitschmacu

miércoles, 4 de febrero de 2026

Uno espera

 

Uno espera.
Espera que uno espere.
Esperé a uno que nunca llegó.

Llegó el café caliente y las noticias impresas.
Las noticias por la mañana, un jueves de 1992.

En jueves la semana se siente distinta.
¿Diferente? En 1992 no sabe uno qué esperar.

Esperar el café caliente, eso sí.
Sí que ya las noticias uno las lee; eso espera uno.

Espero en áspera espera: esperé.

Esperé 1992 y aquí estamos en julio.
Estamos —no sé cómo— aquí.

No allá.
No ahí.
Aquí.

¿Cómo?

Uno y el café.
El café y las noticias.
Las noticias y la espera.
La espera, y es julio.
Es julio de 1992.

Eso sí.


Macu.Kitschmacu

martes, 3 de febrero de 2026

De veras, oye...

 

—Mira, Roxana, no tienes necesidad de andar con esas mamadas. Si la cosa está jalando bien, ¿qué necesidad de complicarlo?

Se quedó mirando el foco del techo, como si ahí estuviera la respuesta que no quería escuchar.

—De veras, oye…

—¿Que por qué me pongo así? Porque es una reverenda mamada eso que quieres hacer. Así déjalo. Así funciona bien.


Macu. Kitschmacu

miércoles, 21 de enero de 2026

No es de a huevo Roberto

 


—Oye, Roberto, ¿estás seguro de que quieres hacer esto? Ya lo habíamos platicado y no te notaba nada convencido, y ahora, de buenas a primeras, sales con que sí. ¿Qué te picó o qué?

Esto no es cualquier cosa. O sea, yo te había dicho que se me hacía bien, pero tampoco quiero que luego me estés echando esto en cara: que te presioné y todo lo que se te vaya a ocurrir después.

O sea, tampoco es de a huevo.

Razonalo. Medítalo. Porque luego te da por decidir al bravazo.


Macu.Kitschmacu

martes, 20 de enero de 2026

Sweet reminders

 

Sweet reminders:


No todo lo que te cansa merece tu energía.
Aprender a soltar también es una forma de inteligencia y ayuda a crecer, a hacer espacio.

La gente no te trata como eres, te trata como puede.
Eso libera mucho resentimiento. Todo es un espejo.

Si algo te duele en silencio, podrìa doler en grande después.
Hablar no siempre arregla, pero casi siempre aligera. Es bueno, muy bueno hablar con personas profesionales.

No confundas costumbre con amor, ni tranquilidad con felicidad.
Son primas, no hermanas.

Tu vida no tiene que parecerse a la de nadie para estar bien hecha.
Solo tiene que sentirse tuya.


lunes, 19 de enero de 2026

Viernes a las siete

 


—¿Segura que quieres invitar a los compadres a cenar el viernes?

—Sí… ¿por qué no?

—A ver, Brenda, tú sabes que Pepe es mi amigo desde la prepa, pero eso no quiere decir que me caiga bien del todo. Es buena gente y todo eso, pero desde que se siente tocado por los dioses en la chamba está inamamable.

El otro día, en su despacho —ya ves que fui porque me está ayudando a revisar los contratos del sindicato—, se la pasó contándome de su colección de perfumes. Que más de 300 mil pesos en perfumes. O sea, Brenda… tampoco es como que él y la comadre tengan vida de millonarios. Tú sabes.

—¡Iiiiiii! ¿Apoco eso te contó?

—Sí, ¿no te había dicho?

Y pues, la verdad, Brenda, no estoy de humor para estar oyendo esas mamadas.

—Mira, Rodrigo, ¿qué son tres horas? O sea, que vengan a la casa, cenamos, vinito, platicamos los cuatro y nos la pasamos bien.

Hace como tres meses que no los vemos. Vi a la comadre en el súper hace como una semana y la vi muy normal, simpática… bueno, con la misma ropa de hace como cinco años y su mismo peinadito de hace como veinte… No sé cómo te dice el compadre que su colección de seiscientos mil pesos.

—Trescientos, Brenda. Trescientos.

—Bueno, lo que sea. Yo la vi muy normalita, hasta jodidona un poquito.

—¿Entonces?

—Pásame el control, ya se acabó el programa.

—¿Viernes a las siete? Pido del asiático que te gusta.


Macu.Kitschmacu

viernes, 16 de enero de 2026

La respuesta

 

Te amo, le dijo.
El silencio respondió.

Macu.Kitschmacu

jueves, 15 de enero de 2026

¿Y cuándo se ven o qué?

 

—¿Qué hiciste, qué?… no puedo creerlo. Nada más a ti se te ocurren esas cosas.

—¿Y ahora qué vas a hacer?

—N’ombre… ¿cómo así?

—Te digo que nada más a ti se te ocurre eso.

—Oye, pero a ver… pensándolo bien, no estuvo tan mal. Digo, pero a ver cómo se lo toma.

—¿Y cuándo se ven o qué?

Macu.Kitschmacu

miércoles, 14 de enero de 2026

Desayuno de domingo


—Buenas, me da dos con todo.
Uno de tripa y el otro de asada, dorados, porfa.
Sí, con cebolla está bien.

Oye, y me das también una Coca, de las de vidrio, y un vasito con hielo.
Te encargo también un tenedor…
y de la salsita esa que ponen en la vasijita chiquita.

Ándale, de esa.

Mmm… no pusieron salsa de la roja.

Oye, te encargo salsa roja y cebolla curtida de pasada.
Ándale, sí, gracias.

Macu.Kitschmacu

martes, 13 de enero de 2026

Media hora buscándote

 

—¿Dónde dejaste las llaves del carro?
—Arriba de la mesa, creo. No sé, creo que ahí. A ver, revisa.

—Mmm… no, no están. Pero ya llegó el recibo de la luz. O sea, tengo media hora buscando esas llaves y no las encuentro. Siempre haces lo mismo. No sabes dónde dejas las cosas y cuando las necesito, soy yo el que se chinga.

—¿Qué dices?… no te escuché.

—Me lleva la chingada contigo.

Macu.Kitschmacu


lunes, 12 de enero de 2026

Cómo aprendimos a caminar con zapatos prestados

 

Pensaba ella que tenía muchas cosas que contar.
Pero para contar, primero, había que escuchar.

Escuchó.

Escuchó cómo el ser humano se conjuga a sí mismo
en verbos cansados,
en pasados que no se sueltan,
en oraciones que siempre terminan en yo.

La broma pasó frente a ella
con sonrisa prestada.
Vista de cerca, con el bisturí del oído,
no era broma:
era una herida pequeña
lanzada contra el amigo que también es enemigo.
Cosa de trincheras.

Luego vino el consejo.
Ese animal tímido que parece amor
y en realidad es miedo.
A fulanito le pasó lo mismo, dicen.
Haz lo mismo.
Y uno empieza a caminar una vida que no pidió,
con pasos ajenos,
con zapatos prestados.

Fulano y el aconsejado no se conocen.
Pero ya se heredan el destino.

Cosa de rutas seguras.

En las reuniones,
cada quien deja su dolor sobre la mesa
como quien deja el abrigo.
El jefe, la pareja, la ausencia,
los padres, los hijos,
los amigos que ya no están.

Se conversa el dolor.
Se brinda con él.
Se le canta.

Uno llega con un miedo.
Se va con cinco.

Y en medio queda la amistad,
temblando,
sin saber si une
o simplemente acompaña a los miedos.

Macu.Kitschmacu

domingo, 11 de enero de 2026

Volar en el Concorde

 


Volar en el Concorde.

Hasta el nombre era bonito.

Macu.Kitschmacu.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Notas para recordar


Recap íntimo y personal.

Aprendí a distinguir entre lo que quiero y lo que solo me distrae.
No todo lo que brilla merece mi energía.

Aprendí que no todo se comparte.
Hay cosas que se cuidan mejor en privado.

Aprendí a reconocer cuándo algo ya cumplió su función.
Personas, hábitos, ideas. Sin drama. Sin show.

Aprendí que la claridad llega después, siempre llega.
Primero se vive, luego se entiende.

Aprendí que puedo cambiar sin convertirme en otra persona.
Evolucionar no fue traicionarme.

Sí, eso fue. 

Macu.Kitschmacu


Mientras en otro lado

 

Hace calor en diciembre.
Aquí el calor no se va nunca; se queda a vivir. Antes diciembre aflojaba un poco, como quien entiende el cansancio ajeno. Este año no tuvo esa delicadeza.

Me dormí un rato y desperté sin saber por qué. El insomnio no hace ruido al llegar, pero se instala. Trae pensamientos pequeños, casi ridículos, que uno mira de reojo y que, si no se cuida, acaban creciendo hasta ocuparlo todo.

El insomnio engaña. Hace creer que ese punto mínimo es el mundo entero. Por eso escribo: para no obedecerle.

Tal vez fue el viaje. Las maletas abiertas, los itinerarios, la idea de moverse de lugar siempre me dejan los ojos abiertos más tiempo del necesario.

En algún sitio ya cambió el año.
Aquí no.
Aquí sigue siendo lo mismo: el mismo calor pegado a la piel, la misma noche sin sueño, el mismo abanico insistente, y esta manera mía de ordenar las ideas para que no se me salgan de las manos.

Macu.Kitschmacu

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Belisario

 


Belisario tiene nombre de revolucionario. 

Herencia de su abuelo y del abuelo de su abuelo, a quien claramente nunca conoció. 

Belisario duerme boca abajo, con la cabeza ladeada a la izquierda, y una almohada encima. 

Belisario siempre sueña y recuerda sus sueños, que son relativamente tranquilos y lo suficientemente ordinarios para repasarlos de buen agrado en la mañana. 

La mañana empieza temprano, muy de mañana con el repiqueteo del teléfono que está sobre su mesita de noche. 

Desde muy temprano piensa en la noche, esa que nunca alcanza para dormir y descansar. Piensa en que se sentirá despertar, así nomás sin repiqueteos, sin la carrera diaria con las manecillas del reloj. 

El reloj, la marca, la carrera y la meta. 

De pie, frente al espejo, de su baño endereza sus mechones de cabello. Todo y nada que un poco de agua, peine y fijador no coloquen en el lugar adecuado. 

Belisario es un hombre atractivo, de esos con los que una tiene ganas de hacer el amor cuando lo ve vestido.

Camisa blanca impecable, botonadura,  pantalón con pinzas, calzado de cuero lustrosísimo. Con su bonita voz de hombre. 

Belisario el enigmático. Al que la vida lo hizo y lo hizo posiblemente muy bien. 

El trabajo, ese que llamó desde temprano. Detrás de su mueble de madera,  imponente. Despacha, decide, acuerda, compromete. 

Una tras otra pasan las horas, las personas, las decisiones, las conversaciones. 

Belisario el solitario. 

La fatiga de encontrarse siempre a los mismos hombres, las mismas mujeres, las mismas frases, que termina por no querer conocer ni a uno más. Si te juntas con pendejos, al rato andas diciendo pendejadas.  

El día se repliega. La camisa sigue blanca. El calzado, en silencio.

Belisario el correcto. No necesitas ser perfecto, con no equivocarte basta.

De vuelta al inicio, al nombre, al espacio conocido, a la cama, a ese  mueble divino donde la gente no puede ocultar cómo es. 

Belisario es. 

Macu.Kitschmacu.

martes, 23 de diciembre de 2025

Mientras el tiempo pasa, la verdad se aleja.

 


Mientras el tiempo pasa, la verdad se aleja.

Mientras… el café se enfría
y nadie se da cuenta.

El tiempo: tic, tac, tic, tac.
Antes a los relojes había que darles cuerda
para que no se atrasaran,
para que siguieran andando.

Pasa como pasa todo en la vida:
según cómo se mire
y con las ansias con las que se espere.
En ese segundo exacto.

La verdad —
según quién la cuente—
es solo eso:
una fracción pequeña de la realidad.

Y una parte tuya se queda observando.

Se aleja…
¿qué se aleja?

Macu.Kitschmacu